Desde la Psicología, podemos definir la bulimia como la presencia de atracones recurrentes, sensación de no poder parar de comer y falta de control en el tipo o la cantidad de comida que se está ingiriendo.

La bulimia se caracteriza por sentimientos de culpa tras los atracones, que tienen como consecuencia, conductas inapropiadas como la inducción de vómitos, abuso de purgantes, uso de laxantes, ejercicio físico excesivo y la restricción de alimentos.

Los atracones y las conductas compensatorias inapropiadas tienen lugar al menos dos veces a la semana durante un período de 3 meses. La persona bulímica tiene una gran preocupación por su silueta, a pesar de que normalmente, mantiene un peso normal.

Tipos de bulimia:

Existen dos formas en las que el trastorno se presenta:

  • Bulimia purgativa: se caracteriza porque la persona se provoca el vómito o usa laxantes.
  • Bulimia no purgativa: la persona utiliza conductas diferentes como el ayuno y el ejercicio físico intenso.

Tratamiento psicológico de la bulimia.

Se considera la bulimia como un trastorno más frecuente que la anorexia, que afecta más a mujeres que a hombres, y cuya edad de comienzo suele ser en torno a los 16 años, afectando también a chicas de más de 25 años.

La bulimia es una enfermedad que tiende a cronificarse, por lo que hay que estar atentos a los síntomas y buscar ayuda psicológica para evitar que los síntomas se intensifiquen y se prolonguen en el tiempo. Además de la ayuda de un psicólogo, suele ser necesaria la colaboración de otros profesionales como médicos, psiquiatras, nutricionistas…

En primer lugar hay que conocer el tipo de bulimia que presenta el paciente y la gravedad para decidir qué tipo de intervención será más apropiada, por lo que se procederá a realizar una evaluación.

Los objetivos del tratamiento psicológico son eliminar los vómitos y las conductas inapropiadas, que el paciente adquiera unas pautas de alimentación adecuadas, aumentar su autoestima, modificar las creencias erróneas respecto del peso y la imagen corporal, y reducir la sintomatología asociada a la bulimia (ansiedad, depresión…).

Es muy importante el establecimiento de una buena relación terapeuta-paciente, para que el beneficio de la terapia sea mayor. Será positivo, siempre y cuando sea posible, la colaboración de la familia en el tratamiento, ya que normalmente suelen aparecer conflictos en la familia derivados de la preocupación, lo que aumenta la ansiedad, ayudando a cronificar el trastorno.

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